Mi hermano Jon me ha permitido este finde cambiar de actividad, dejar la cuerda y la cacharrería y coger las botas y caminar de nuevo con el único objetivo de caminar, de hacer cima y no de llegar al pie de ninguna vía. Me ha permitido retomar el montañismo que no hacía desde hace 4 años cuando Abel y compañía se cruzaron en mi camino en el tablón de MAR.
Jon hacía días que no iba al monte por un problema de espalda, así que elegimos una montaña asequible, sin otra dificultad que el enorme desnivel a salvar: 1400 m desde el Balneario de Panticosa (1636 m) hasta la cima del Garmo Negro (3051 m). Jon quería probar si había superado la lesión y quería también dormir en el monte por lo que cargamos las mochilas con comida y saco. Le propuse ir a dormir a los ibones de Pondiellos, entre los Infiernos y el Garmo Negro, dejar las mochilas debajo del collado de Pondiellos, seguir hacia nuestra cima y recogerlas a la vuelta.
Como pensábamos quedarnos a dormir salimos sin prisas de Zaragoza; total, ¿qué ibamos a hacer toda la tarde allí arriba si madrugábamos? A las 12 salimos del Balneario. Es una pena cómo está ahora. La inmobiliaria que se hizo cargo de relanzar este precioso enclave del Pirineo, Nozar, se ha declarado en quiebra hace pocos días y ha abandonado totalmente las obras desde hace semanas. Consecuencia: conviviendo con edificios de moderno diseño cerrados a cal y canto, se encuentran esqueletos de hierro y hormigón y los coches han vuelto a colonizar cada metro cuadrado libre para aparcar.
Pasamos por el templete de la fuente donde hace 12 años acampé durante 3 noches hasta que el tiempo mejoró lo suficiente como para poder subir. Hicimos fotos y seguimos tranquilamente, no teníamos prisa. Al cabo de 40 minutos llegamos a una zona abierta, más o menos llana, la llamada Majada baja, y no nos costó mucho decidirnos: ¿qué zona mejor para acampar? Lo tenía todo: agua, verde paisaje y... no tendríamos que seguir porteando las mochilas. Comimos un poco, escondimos las mochilas y seguimos hacia arriba. El camino no tiene pérdida, basta seguir un marcado y empinado sendero que no da mucho respiro.


Vistas de los distintos itinerarios obtenido de la web de mendiak
el camino azul no se desvía tanto hacia la derecha en la Majada alta
El comienzo de la subida desde el Balneario discurre por el lado derecho de la cascada,
no por el izquierdo como aparece aquí
En la Majada alta nos encontramos con varios hitos que recorren toda la Majada siguiendo el barranco del Argualas, pero nosotros seguimos el sendero que conduce hasta el collado de Pondiellos. Sendero que abandonamos al llegar a un riachuelo, cerca de los 2500 m, último punto de recogida de agua, que atravesamos y continuamos por un canchal siguiendo los hitos que íbamos encontrando bordeando la base del Garmo Negro. A esta altura nos encontramos con un nevero persistente que tuvimos que remontar, al principio por una suave pendiente y finalmente por una fuerte cuesta, hasta el ancho collado de las Argualas (2860 m).no por el izquierdo como aparece aquí
Vistas desde la cima del Garmo Negro:
De allí encaramos el siguiente 3000, el Algas Norte (3032 m) siguiendo un fácil sendero que nos dejó en la cima apenas 10 minutos después.
hasta que no nos quedó más remedio que descender al camino normal que sube a las Argualas por el lado izquierdo de la cresta. Este camino lleva de nuevo al filo de la cresta, lo supera y sigue por el lado derecho mediante un fácil trepeteo hasta la cima. Eran las 6 de la tarde, en apenas 1h y media habíamos coronado 4 tresmiles, no estaba mal. Últimas barritas y último trago y comenzamos a descender por fin hacia las mochilas. Primero retrocediendo lo andado hasta la ruta normal y luego descendiendo por el terreno más evidente que encontramos hasta el collado de las Argualas, donde nos pusimos los crampones para evitarnos mayores problemas en la fuerte pendiente. A las 8 pudimos descansar las piernas en la Majada baja y nos dio tiempo suficiente antes de que se fuera la luz a lavarnos, cenar abundantemente y plantar la tienda mientras un ejército de mosquitos intentaba cenar también a costa nuestra.
La sensación de soledad que nos inundó en cuanto empezó a atardecer justificó todos los esfuerzos y sudores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario