jueves, 9 de julio de 2015

Un finde muy muy activo

Picos de la Garganta y Pico Aspe vistos desde la vía 

Cada vez que nos apuntamos a alguna carrera de montaña cercana a Jaca, Tono, el maestro de ceremonias, organiza un finde megaactivo. Como casi siempre el menú fue un combinado de escalada (el sábado) y carrera (el domingo). En esta ocasión la escalada tuvo lugar en la vía Valle de Canfranc al Tobazo (una vía más de Sendero límite para la colección) y el domingo la carrera fue la Boca del infierno en la Selva de Oza. Como la familia Rasmias ha aumentado recientemente de número, se tienen que turnar para poder salir y disfrutar de las actividades los fines de semana y cuidar al mismo tiempo del enano. Así fue Vanesa la que formó cordada junto a Tono y el agüelo el sábado y Jorge el que participó en la Boca el domingo. Eso sí, entre actividad y actividad un poquito de frikijuegos y una buena cenorra.
La vía Valle de Canfranc está orientada directamente al sur, así que para sobrevivir a su escalada en plena ola de calor no hubo otra manera que madrugar. El madrugón, sin embargo, quedó un poco deslabazado porque el agüelo se quedó dormido y salimos con media hora de retraso. Al final la vía, estupenda roca, se dejó hacer ya que aún nos dio tiempo de tocar algo de sombra y porque sopló durante toda la mañana una fresca brisa que en la cima se convirtió en vendaval.
La vía es muy disfrutona y tiene dos partes bien diferenciadas: la primera son 5 largos de placa lisa y tumbada surcada por canalizos ondulantes que me recordaron mucho a la roca del Naranjo de Bulnes y que hicieron las delicias del agüelo.



Esta sobredosis de placa no me pilló desentrenado del todo porque mi anterior salida escaladora fue al reino plaquero de Morata de Jalón. Sin que sirva de precedente, acepté la invitación de volver a esa escuela de escalada de mis amores y acompañé a Dani Bull, que hizo una parada en casa de una semanita escasa entre las playas de Canarias y las de Levante, y a su chica, Vanesa.

Vanesa estrenándose en la escalada en roca, 
pidiendo consejo de qué hacer en esas maravillosas placas de la Peña del reloj
Bull encadenando La charanga de Soneman, 6b, en la Pared perdida.
Está claro que el que tuvo retuvo
El agüelo protagonista de la sorpresa de la jornada al encadenar Willow, 6c,
una vía megaclásica de Morata, una de esas vías que nunca pruebo
porque no son de mi estilo
Vanesa, Bull y el agüelo en la sombra rica de la Pared Perdida
¡Ainss! ¡Qué lejos queda ya la última vez que caté los cazos ricos, ricos de de Rodellar!
Abel, Ana, Jonás y los amigos de Ana reposando antebrazos

Pero volviendo a la vía, el largo 6 marca el cambio a la segunda parte. Es un largo vertical precioso con unos boquetes enormes aunque algo alejados. El largo continúa después por una ladera herbosa que, mediante otro largo de transición, termina en una faja donde hay que hacer travesía andando hacia la derecha y que nos deja en un surtido de largos de todos los estilos, diedro, más placa, bavaresa... La vía ofrece, además, unas vistas preciosas del Pirineo que me dejaron un gusto a montaña en la boca que hacía tiempo que no sentía. Un sabor dulce, nostálgico, sin el reseco amargo del miedo, que sólo las vías agradables como ésta me permiten disfrutar.






La cordada del día: el agüelo, Tono y Vanesa

La tarde se nos pasó entre frikijuegos de mesa, comidas, meriendas y cenas y vuelta a madrugar para empezar la Boca del Infierno. A pesar de ser la primera vez que la iba a correr y de las ganas que tenía de hacerlo, no tenía muy buenas sensaciones debido al calor y no las tenía todas conmigo de que fuera capaz de acabarla (y eso que yo iba a hacer el recorrido corto, es decir, 15km de longitud y 1000 m de desnivel; la larga, 25 km y 1500 m de desnivel, es para titanes o para héroes del sacrificio, y yo no encajo en ninguna de esas dos categorías). El ver en la salida, una vez más, tanta gente participando en estas palizas deportivas hace que te sientas arropado y lleno de ánimos. Pero en seguida te quedas solo con tus piernas de cartón piedra, tus resoplidos hipohuracanados y tu fuerza de voluntad.




El recorrido corto comienza con un triple subeybaja de fuertes pendientes tanto en el sube como en el baja y discurre a la sombra de un bosque de hayas encantado. Esta parte es común a los dos recorridos, pero aún no vimos a ninguno de la larga porque ellos salieron 15 minutos antes que nosotros. En un cruce al final del bosque ellos tiran para arriba como jabatos hacia el refugio de Gabardito y nosotros hacia abajo como ratones, hacia el Puente de Santa Ana, en busca de la segunda parte de la carrera al otro lado del valle, a la solana. Este punto será, aproximadamente, el kilómetro 8 de nuestro recorrido y el 17 del largo y sin embargo a partir de allí fue cuando me empezaron a pasar los másquinas de la carrera larga, como si llevaran botas de 7 leguas, como si acabaran de salir de casa, frescos como lechugas. Debido a las altas temperaturas previstas, que durante la carrera no lo fueron tanto, no paré de beber en todos los avituallamientos y de mojarme la cabeza con las esponjas que habilitaron en dos puntos. Al sol comenzaba otra parte del recorrido preciosa, la llamada calzada romana, una suave cuesta que tuve que hacer andando la mayor parte y que termina, después de una corredera bajada, en el tercio inicial de la carrera. Ya sólo quedaban 3km, sólo dos cuestas. Empecé a creer que lo conseguiría. Primera megacuesta, bien. Uf uf. Segunda megacuesta y entro en reserva, apenas puedo siquiera correr en los falsos llanos. Me adelanta Tono a toda máquina. "¡Sólo 400m hasta la meta!" nos avisa una voluntaria. ¿Cómo que sólo? Hace tiempo que las piernas siguen por inercia, bajadita y repecho final de llegada a meta con los habituales calambres avisando desde hace unos minutos. Empapado de arriba a abajo, exhausto como siempre, pero emocionado por haber conseguido terminarla.
Tras litros y litros de aquarius, varias cervezas con limón, plátanos, sandía (parecía el monstruo de las galletas) y una reponedora ducha fría, wuauuuuu, volví a ser humano de nuevo y pude resistir los festejos finales: sorteo de premios que se hizo un poco largo, pódiums (alimentados con ciertas polémicas, para dar el toque picante), paellada y... baño en la piscina de vuelta a Jaca. Así, sí.
Luego vendrían los 41ºC de Zaragoza, las agujetas de los dos días posteriores, pero eso es otra historia.

Los miembros del Equipo de carreras de montaña de Montañeros de Aragón 
que participaron en esta carrera (Javier, Tono, Pincho y el agüelo), en la salida...
... y en plena acción
Todos contentos por los resultados, Javier terminó 5º, Tono y Jorge bajaron alrededor de 15'
sus respectivos tiempos y yo terminé, que no está mal, 6º de veteranos de la carrera corta
(un puestazo si no se enterara nadie de que sólo corrieron 6 veteranos masculinos)

martes, 12 de mayo de 2015

Inicio de temprada, por fin

Fino y Tono con la cueva del sector Pince sans Rire al fondo

A pesar de salir sólo un par de veces al mes, un año entero da para mucho. Doce meses dan para conocer zonas nuevas, Somáen, Loarre, los Bombos en Vadiello o los Volaos en Riglos, y para repetir en zonas ya conocidas, Benabarre, Morata, sí, sí, también Morata, Atauri (hay que volver más, mecagüen), San Fausto, Margalef (sólo una visita esta temporada, snif) o Albarracín. Pero sobre todo dan para desear durante todos y cada uno de los fines de semana que se terminen ya esos eternos meses. Lo más cerca que mi mente racional me permite estar del misticismo de la era acuario, es durante el camino de vuelta al pueblo, al finalizar la jornada, con los brazos reventados y con la mirada recorriendo esas cuevas infinitas objeto de mi codicia. Ummmm... ¡cómo te he echado de menos, Rodellar!
Y ahora que ya he dado comienzo la temporada a ver si consigo no soltarla hasta el final. La aventura la organizó Tono con Ignacio y nos apegamos Fino y el agüelo: dos días en el paraíso, durmiendo en bungalow... ¡Casi no duermo los días anteriores de los nervios!
Empezamos el sábado, sin prisa, en el estupendo sector Pince sans Rire que Tono no conocía aún y calentamos en los 6bs de la pared humana, la de la izquierda. Tocó repetir la genial Ciao bambino (hace 4 años escalar esta vía supuso todo un hito después de estar intentándola durante otros 4 añazos, y este finde la usé para calentar, snif, ¿dentro de 4 años usaré para calentar los séptimos que ahora me cuestan tanto? No sueñes, agüelo. Jajajaja) y conseguí tachar también la alimaña de Ocaña. Fino nos llevó más tarde al Callejón a despellejarnos un poco los dedos y luego a refrescarnos en el río.
El domingo tuvimos toooooodo El Camino para nosotros solitos (un meteorito debió caer encima de la cabeza del resto de millones de escaladores para que no hubiera nadie más allí) y allí nos quedamos hasta que las pilas de los antebrazos duraron. De ahí derechito de nuevo al río y... a casa. SNIF.

 Ignacio, Tono, Fino y el agüelo
 Tono no necesitó 4 años para llevarse Ciao bambino, 6b
 El agüelo disfrutando de los cazos iniciales de La alimaña de Ocaña, 6b
Tono encadenando a vista Los hermanos peruanos, 6b+
¡vaya visita la suya a Pince sans rire!
 Postureo de Ignacio en la misma vía
 Fino regleteando a tope en La más fea de Sevilla, 6c
 El agüelo en uno de los intentos totalmente infructuosos a Pasaba por aquí, 7a
 Niños...
... cerves y helados...
 ... y cena
 Y otra más para la buchaca de Fino, Más tortura, 7a+
 Ignacio tachando otro 6c más en el camino, Los loros
¡Hasta Fino se apuntó al gorileo!