lunes, 3 de abril de 2017

El espía socarrado

 La Peña del reloj

El día empezó como otro cualquiera: me recoge Abel, quedamos con una chica del panel, Ana, en Plaza, vamos a Morata, nos dirigimos al sector La peña del reloj, calentamos en una vía plaquera y nos vamos a probar, una vez más, El espía. Al montarla me caigo en los mismos dos pasos de siempre, el día de la marmota. Mientras descansamos una cordada nos pide permiso para intentarla y se la lleva a la primera. Bajón. Sí hay gente fuerte. Llega el sol. Segundo intento, mismo resultado. Ensayo de nuevo los pasos, parece que encuentro el sistema. Es fascinante cómo el cerebro no deja de autoengañarse. Bajo ya con un calor potente. El resto de las cordadas deciden retirarse a zonas sombrías y sin embargo, yo, decido intentarlo de nuevo. ¡Qué loca es la esperanza! A la tercera la roca ya empezaba a estar calentita, mis manos sudorosas no estaban en las mejores condiciones para las dos secciones de placa de la vía. Era un pegue tonto y lo sabía. Era sólo para decirme a mí mismo que lo había intentado todo, que no era mi culpa el nuevo fracaso. ¡Qué forma más pobre de intentar una vía tan estupenda como esta! 
Pero el hecho es que funcionó. Supero mi primer crux, llego a la panza y la loca esperanza se me apodera de nuevo. Todo lo interpreto en positivo: no estoy tan cansado, estoy consiguiendo descansar los brazos en el reposo... No pasa nada, la maldita regleta de la panza me tirará para abajo. Ese es mi yo autojustificador. La pillo, subo pies, bloqueo, subo otro pie, reboto la izquierda y llego a la buena. No he apretado más que antes, entonces, ¿por qué no me he caído aún? Se pregunta mi cabeza mientras hago los siguientes movimientos de manera mecánica. Un cosquilleo en el estómago en el último paso, una última duda antes de llegar a la reunión. Un último gramo de confianza que no sé de dónde sale. Es todo tan extraño: estar allí arriba, en la reunión, con la vía que he peleado durante años por fin encadenada. No se suponía que iba a ser ese día, no se suponía que iba a ser en ese pegue. Esa bruma de irrealidad que nubla mi cerebro provoca que tarde varios eternos segundos en liberar mi alegría en forma de grito.
Las cervezas de la celebración sí que fueron reales.

Ana en la primera vía del día, 
una vía nueva entre el Espolón Octaviux y Nacional-II
Sin nombre, no sale en la última guía, 6a? V+?
Montando la vía, aún en sombra
 Abel saliendo de la panza final de El espía
Cerveceo para celebrarlo

domingo, 2 de abril de 2017

Santa Ana


Últimamente he vuelto a coincidir en salidas deportiveras con vieejos conocidos tapieros que no paran de invitarme a volver a mis inicios y que tras cosechar una negación tras otra optan, muy amablemente, por unirse a mis aventurillas de bordillos. En febrero fue Pulpo y esta vez, en marzo, Bartolo.
Tras varios tiras y aflojas en el coche, Benabarre vetado por Bartolo, placa vetada por el cagado del abuelo y Rodellar vetado por Abel, coincidimos al fin en un destino: Santa Ana. Abel tenía ganas de explorar un sector que está encima de El sendero y pronto nos dimos cuenta de por qué no aparece en la guía Lleida climbs. A todos nos pareció un truñaco de sector y después de probar una vía nos bajamos al sector Escaleras al cielo. ¡Dónde va a parar!
Bartolo nos recomendó un 6b chulo, Plou i fa sol, y luego probamos Vía del pito, 7a, al que sólo Bartolo vio color. Una vía demasiado a bloque para mí. Una buena salida, sin embargo, con buena roca y buenas vías. En el sendero vimos varias vías con muy buena pinta que invitan a volver.
El domingo en vez de descansar participé con Tono en una carrera de montaña en Daroca: él corrió la larga, y yo, claro, la corta. Muy buen ambiente, viejos conocidos y divertido recorrido. El final súper picantón se lo podían haber ahorrado, la verdad, porque me dejó las piernas sin nada de power y pinché. Es lo que tiene estar flojo.

Sector Escaleras al cielo
Truño vía
Plou i fa sol
Vía del pito: así no...
... así sí

Salida el domingo en Daroca.
Obviamente, ni yo ni mis piernas sabíamos apenas nada de la emboscada final