domingo, 2 de julio de 2017

Quedada del Coliseo en Rodellar

Vistas desde Pince sans rire, al fondo el Camino

Introducción:

David "el largo" (como van aparecer varios Davides a lo largo de esta entrada, no me ha quedado otra opción que añadir algo que los distinga, un mote) abrió hace un par de años un tablón de entrenamiento de escalada al que llamó El Coliseo. Desde el comienzo David ha animado a todos los que nos reunimos allí a que salgamos a roca todo lo posible. Por eso ha organizado diversas quedadas en Foz, Calcena y este finde en Rodellar. Y a ésta no podía faltar el agüelo.
Fiel al espíritu del tablón la organización fue sustituida por la variedad: hubo gente que fue el viernes, otros que fueron de sábado a domingo y otros que fueron el sábado en el día; hubo quien durmió en el campin, quien durmió en el Kalandraka, en su furgo o en el parquin; hubo fresquito el sábado y hubo calorcito el domingo. Comida, cena y desayuno cada uno a su bola.

Presentaciones:

 David "el rubio" y su amigo Carlos
 Edu, David "el largo", Goyo y su amigo José Manuel
 Pedro y "Toto"
 Santi, Marta y David "el loco"
Valentín y Héctor
... y por supuesto Jack

Escalada:

Sábado Pince sans rire

Toto en La alimaña de Ocaña, 6b
José Manuel en No hay pico con lagunas, 6b+
David "el loco" en el final de Los hermanos peruanos, 6b+
Santi en la misma vía y David "el largo" en Dimes y diretes, 6c
Pedro en No hay pico con lagunas, 6b+ y Marta en Cia bambino, 6b
Edu, a la izquierda, en Pire en el fire, 7a
David "el largo" en La Pitón, 7c
Marta en el techazo de Esclava laboral, 6c+
Goyo en el comienzo de Pire en el fire...
... y Pedro en los atléticos metros finales de la misma vía
David "el loco" al principio de Esclava laboral
Andrés también se pasó a saludar y a escalar, Cia bambino

Domingo: Callejón
 
Marta en las placas, sí, placas y muy placas, de La más fea de Sevilla, 6c
David "el rubio" en las estéticas chorreras de Pasaba por aquí, 7a

sábado, 13 de mayo de 2017

El bolo. Riglos


No hay mejor forma de despedir las vacaciones escolares de Semana Santa que acercándose a ese santuario de la roca y los bolos llamado Riglos. Además tuve oportunidad de añadir una nueva creación de Sendero límite a la colección: Vía del Bolo, en el Cored. Y como siempre cumplió con las expectativas de dos de sus señas de identidad: buena roca y seguridad. La ruta discurre a la derecha de la Oeste clásica hasta la repisa, donde nos encontramos con la sorpresa de estar ocupada, y después sale recta hacia una panza a la izquierda del último tramo de la Oeste clásica.
Nosotros hicimos caso a casi todos los blogs de escalada y empalmamos los largos 1 y 2 en una tirada y los largos 3 y 4 en otra. Las cuerdas rozan bastante, pero se agiliza mucho la jornada. Eso sí, ¡hay que ir bien provistos de cintas!
El largo 1 nos pareció a todos el más duro, el largo 2 tiene roca menos consistente, los largos 3 y 4 son de muy buena roca y el último largo es el que más nos gustó.
Para bajar rapelamos dos veces: una hasta el collado norte y otra hasta la vertiente oeste del mallo y volvimos al pie de vía donde habíamos dejado las mochilas.

Croquis
 Bolo que da comienzo y nombre a la vía
 Vaya pasitos más duros para entrar en calor
 Tono empalmando el segundo largo
 De segun también se aprieta
 
 Buen ambiente en la R2
 Estupenda roca en los largos 3 y 4
 Bolos y más bolos
 Mamá y bebé buitre
 Estupendísimo último largo...
 ... con la familia buitre al fondo
 Foto cima
 Sabina del primer rápel

lunes, 8 de mayo de 2017

Rodellar sin gente... y sin calor


El camino solitario

... y sin encadenes, snif, pero en Rodellar estos bajones los llevo mucho mejor.
La salida tuvo lugar el fin de semana anterior a Semana Santa con un tiempo estupendo. No es fácil encontrar últimamente compañeros para escalar aquí así que cualquier oportunidad es bienvenida. Por eso cuando se lo propuse a Júnior y respondió enseguida que sí, me llevé un alegrón tremendo. Invitó a otro compi de entrenos, Javi, y los 3 compartimos coche, viaje y charla hasta Rodellar. Javi no fue el único invitado a la fiesta, porque en Rodellar nos esperaban también Fran y Ricardo, que después de unas cuantas dudas, decidieron quedarse y hacernos compañía.
El plan fue el mismo los dos días: empezamos en El camino y luego visitamos otros sectores a la tarde para los que les quedara aún algún gramo de energía en sus antebrazos: Rigole, Nuit de temps o Aquest any sí
Júnior y yo probamos Toma castañazo. Júnior se la llevó al segundo pegue del primer día y fue lo suficientemente generoso como para dejarme volver a el Camino el domingo para que yo pudiera intentarla de nuevo, sin ningún éxito. En todos los casos me caí, de maduro, al poco de chapar el último parabolt: todo un clásico de Rodellar.
Cazos, desplomes, brazos petados... nada más irme ya los hecho de menos.

Júnior en el apretón inicial de Toma castañazo
El abuelo a mitad de la misma vía intentando ahorra pila
Ricardo en Billy el rápido
Fran en La mano que mece el taladro, 6a+, Rigole
 Javi terminó encadenando su vía, Bonnie, 6b+ y le tocó pagar cerves
La alegría del encadenador
L'ombre de la barca, 6b+/c en Aquest any sí
Objetivo M, 6b+ en Nuit de temps
Fran, Javi, Júnior, Ricardo y el agüelo cenando en el Kalandraka

lunes, 3 de abril de 2017

El espía socarrado

 La Peña del reloj

El día empezó como otro cualquiera: me recoge Abel, quedamos con una chica del panel, Ana, en Plaza, vamos a Morata, nos dirigimos al sector La peña del reloj, calentamos en una vía plaquera y nos vamos a probar, una vez más, El espía. Al montarla me caigo en los mismos dos pasos de siempre, el día de la marmota. Mientras descansamos una cordada nos pide permiso para intentarla y se la lleva a la primera. Bajón. Sí hay gente fuerte. Llega el sol. Segundo intento, mismo resultado. Ensayo de nuevo los pasos, parece que encuentro el sistema. Es fascinante cómo el cerebro no deja de autoengañarse. Bajo ya con un calor potente. El resto de las cordadas deciden retirarse a zonas sombrías y sin embargo, yo, decido intentarlo de nuevo. ¡Qué loca es la esperanza! A la tercera la roca ya empezaba a estar calentita, mis manos sudorosas no estaban en las mejores condiciones para las dos secciones de placa de la vía. Era un pegue tonto y lo sabía. Era sólo para decirme a mí mismo que lo había intentado todo, que no era mi culpa el nuevo fracaso. ¡Qué forma más pobre de intentar una vía tan estupenda como esta! 
Pero el hecho es que funcionó. Supero mi primer crux, llego a la panza y la loca esperanza se me apodera de nuevo. Todo lo interpreto en positivo: no estoy tan cansado, estoy consiguiendo descansar los brazos en el reposo... No pasa nada, la maldita regleta de la panza me tirará para abajo. Ese es mi yo autojustificador. La pillo, subo pies, bloqueo, subo otro pie, reboto la izquierda y llego a la buena. No he apretado más que antes, entonces, ¿por qué no me he caído aún? Se pregunta mi cabeza mientras hago los siguientes movimientos de manera mecánica. Un cosquilleo en el estómago en el último paso, una última duda antes de llegar a la reunión. Un último gramo de confianza que no sé de dónde sale. Es todo tan extraño: estar allí arriba, en la reunión, con la vía que he peleado durante años por fin encadenada. No se suponía que iba a ser ese día, no se suponía que iba a ser en ese pegue. Esa bruma de irrealidad que nubla mi cerebro provoca que tarde varios eternos segundos en liberar mi alegría en forma de grito.
Las cervezas de la celebración sí que fueron reales.

Ana en la primera vía del día, 
una vía nueva entre el Espolón Octaviux y Nacional-II  
que no sale en la última guía y que según los equipadores, 
ver los comentarios de esta entrada, se llamaría Abril y la han cotado de 6a
Montando la vía, aún en sombra
 Abel saliendo de la panza final de El espía
Cerveceo para celebrarlo