miércoles, 5 de agosto de 2015

Vuelta al Vignemale desde Bujaruelo

Icónica panorámica del Pirineo: la cara norte del Vignemale
desde el refugio de Oulettes de Gaube

Distancia: 42 km
Desnivel acumulado: 2400 m
Horario: 12:30 h sin cima para el agüelo, 15:30 h con la cima del Vignemale para el titán de Víctor
Fecha: 3 de agosto de 2015
Integrantes: agüelo y Víctor

Un guasap de Víctor a mediados de junio me saca de mi comodidad deportivera y me deja en un estado de inquietud. Su propuesta no es para menos: dar la vuelta al Vignemale en el día y ¡hacer cima!!!! Con gran inconsciencia le digo que sí y me dedico a buscar información sobre la ruta en internet: tiempos, desniveles, longitud... ¿Asequible? La vuelta creo que sí, la cima... no creo. Aún así cargo los crampones en la mochila de ataque. Víctor no ha subido aún a esta gran cima del Pirineo francés y tiene mucha ilusión en hacerla, así que haré todo lo que pueda por no defraudarle. Los nervios y la incertidumbre se compensan con la alegría de volver a juntarme con este gran compi de mis primeros tiempos en Montañeros. 
El domingo recojo a Víctor en Huesca y ponemos rumbo a San Nicolás de Bujaruelo donde dormiremos al raso después de ponernos al día durante todo el viaje y toda la cena. Nos despertamos a las 4:00 a.m., para que luego digan que el agüelo no madruga, dejamos los bártulos de dormir en el coche, gargamos la mochililla y... a empezar. Snif.
El sentido de la marcha que elegimos fue atacar primero el puerto de Bernatuara y terminar bajando el larguísimo valle de Bujaruelo.
  • Los 1000 m de la subida al puerto de Bernatuara comparte los primeros y duros metros con la subida al puerto de Bujaruelo. Al cabo de 30' aproximadamente, se termina el bosque, se llega a un pilastra de alta tensión y a un hito con una inscripción nos indica el lugar donde hay que desviarse. El sendero nos deja en el barranco de Lapazosa, cruzamos por el casi derruido puente y tuvimos problemas para reencontrar el sendero al otro lado, de noche y en medio de un bosque. Después de unos minutos lo localizamos unos pocos metros más abajo del puente. Hay dos sendas y nosotros elegimos la de la derecha, que es la que le marcaba en el GPS a Víctor. Fue el único momento de indecisión en toda la jornada. En seguida dejamos el bosque, pasamos al lago de una cabaña y entonces la senda se puso exigente hasta llegar al ibon de Bernatuera, aún sin haber amanecido. Agradecimos haber hecho esta fuerte pendiente de noche porque nos evitamos el calentón al sol. Enfilamos el bonito valle de la Canal hasta llegar a la cabaña de Lourdes, donde cogimos el sendero de la izquierda que nos llevó hasta el embalse de Ossoue, 1834 m, donde se deja el coche para empezar la ruta normal al Vignemale, sólo que nosotros llevábamos ya un tute de un poco más de 3 horas y media.
  • La vía normal discurre por el empinado y precioso valle de Ossoue. Nosotros no cruzamos el embalse, sino que seguimos por su margen izquierda (sentido de subida). Las enormes montañas que lo rodean mantienen el sendero en una agradable sombra la mayor parte del recorrido, lo que permite la persistencia aún de varios neveros enormes que hay que atravesar sin ningún peligro. A las 10 a.m. llegamos al desvío entre la ruta al Vignemale y el sendero al refugio de Baysellance, a 2400 m, muy cerca de las cuevas de Bellevue, 3 de las 7 cuevas mandadas construir por Henry Russel a finales del siglo XIX. Víctor se acomodó, sin quejarse, desde el primer minuto de la actividad a mi cansino ritmo. Yo subía lento, pero sin parar, sin agotarme, pensando en ahorrar fuerzas por la segunda mitad del recorrido, pero a él se le veía sobrado de energía. La sensatez o el canguelo, quién sabe, me iluminó en ese momento, decidí seguir hacia el refu y convencí a Víctor para que continuara él solo hacía su meta de subir al Vignemale. Éste extra le supuso 900 m más de desnivel y 3h más de esfuerzo. Yo llegué al refugio de Baysellance, 2651 m, a las 10:30 de la mañana. Cuando volvió Víctor reanudamos la marcha sin que él descansara. Nos dirigimos al cercano collado de Hourquette d'Ossoue, 2734 m. Allí nos esperaba una preciosa vista de Oulettes y del Vignemale, además de una larga bajada hasta el refugio de Oulettes de Gaube que realicé de una manera cómoda con mis refrescadas piernas después del largo descanso en Baysellance. Tan cómoda que pensé que el siguiente y último esfuerzo iba a ser más liviano. ¡Ja!
  • Desde el refu hay que llanear un buen trozo hacia el imponente Vignemale hasta que después de una gran pedrera aparecen los primeros hitos hacia nuestro último gran esfuerzo: el collado de las Mulas. 500 m de subida que no regala nada, no hay ningún momento de descanso, ninguna ceta tendida y para guinda final, una pedrera hasta el collado. Aún así, china-chano vamos ganando metros, vamos reduciendo al jerez nuestras piernas y en un poco menos de una hora nos plantamos de nuevo en la frontera a las 15:55. Ya sólo nos queda lo peor: descender el empinado collado y dejarnos llevar a lo largo de 15 km de suave bajada, al principio por el lado derecho, pero enseguida buscamos el punto más sencillo para cruzar el Ara y meternos en el sendero-autopista que lentamente, muy muy lentamente nos acerca a Bujaruelo. Para no faltar de nada el cielo se cubre de negras nubes que amenazan lluvia y cumplen, pero poco. Más que para mojarnos, las nubes sólo sirven para tapar el sol y refrescar la tarde. Las ganas de terminar nos pueden y por 3 veces pensamos que estábamos a la altura del valle de Otal, y por lo tanto muy cerca del final. 3 ilusiones, 3 decepciones. Pero aunque incluso el valle de Bujaruelo parece alargarse más a cada paso que damos, aunque las praderas, los arroyos y los valles de Otal parecen multiplicarse a cada momento, vamos dejando atrás los hitos del camino, la cabaña del Cerbillona, la cabaña de Ordiso, la pista, el camino pegado al río... y por fin, el puente de San Nicolás de Bujaruelo, a las 19:55. Después de 15 h y media de dejarlo por la mañana, una mañana que parece ya de otro día, de otra semana.
Esta vez la buena planificación, comer y beber mucho (comimos un bocado cada hora, sin pararnos, y bebimos dos veces una botella de 1,5 L más la cantidad de veces que nos refrescamos en los innumerables arroyos), me permitió llegar cansado, pero no reventado. Víctor añadió a su cansancio una hermosa pareja de ampollas en sus talones fruto del fallido maridaje entre zapatillas de trekking y crampones por el glaciar. 
Como la tarde seguía amenazando y amenazando tormenta, cambiamos de planes y con todo los trastos al rebullo en el coche bajamos a nuestras casas, a descansar en nuestras camas.
Las agujetas del día siguiente son otra historia.

 Recorrido y datos obtenidos de la web de lameteoqueviene
 Guardando sacos y esterillas y preparándonos para marchar: 4:30 de la mañana
 Hito señalando el desvío hacia el ibón de Bernatuara
 Vistas hacia Bujaruelo muy cerca del ibón
 Víctor a punto de llegar al ibón
 Ibón de Bernatuara, al fondo el sendero que te lleva al puerto de Bernatuara
 Puerto de Bernatuara, 2342 m, 6:53 a.m., 2:20 h, vistas hacia España...
 ... autofoto...
 ... y vistas hacia Francia: el valle de la Canal
 Valle de la Canal
Cabaña de Lourdes, 1947 m, 7:38 a.m., 3:08 h: 
al fondo asoman algunos picos del macizo del Vignemale
 Embalse y valle de Ossoue, 1834 m, 8:03, 3.33 h, con el Vignemale al fondo
 Ruta normal de subida al Vignemale por el precioso valle de Ossoue
 Valle de Ossoue hacia abajo...
... hacia arriba: Monferrat a la izquierda 
y Espalda de Chausenque y Petit Vignemale a la derecha
Vistas del valle de Ossoue y de los picos de Ordesa al fondo: 
Monte Perdido, brecha de Rolando, Tallón...
Desvío de caminos: Víctor se dirige hacia el Vignemale y yo sigo hacia el refugio de Baysellance
 Lo que le quedaba aún a Víctor
Glaciar de Ossoue, a la derecha el Monferrat 
Vignemale
Víctor en la cima, 3298 m desde San Nicolás de Bujaruelo, 1342 m, ¡ahï es nada!
Llegando al refugio
Refugio de Baysellance, 2651 m, 10:26 a.m., 6h, para mí. 
Aquí descansé, comí y esperé  3 h a que volviera Víctor
Al fondo Petit Vignemale, Punta de Chausenque y Vignemale
Hourquette d'Ossoue, 2734 m, hacia el refugio...
... y hacia España
detrás de mí se ven la Gran Facha, Frondellas y el Balaitous
Lo que nos quedaba: bajar hasta el refugio de Oulettes de Gaube, 2148 m,
para después subir al collado de las Mulas, 2594 m
 Refugio-terraza-con-vistas de Oulettes, 14:50 p.m. (7:20 h)
 La última subida potente hacia el collado de las Mulas, con el incomparable Vignemale al fondo
 Collado de las Mulas, 15:55 p.m. (8:25 h) y cabecera del Ara:
Pico de las Neveras, Gramatuero, collado de Arratille y Punta Negra
Comienzo del valle de Bujaruelo, ya sólo nos queda... 15 km!!!
al fondo, el collado de las Mulas, el de la izquierda
Interminable el valle de Bujaruelo
Llegada al coche en Bujaruelo, 19:55 p.m. , (12:25 h)

jueves, 9 de julio de 2015

Un finde muy muy activo

Picos de la Garganta y Pico Aspe vistos desde la vía 

Cada vez que nos apuntamos a alguna carrera de montaña cercana a Jaca, Tono, el maestro de ceremonias, organiza un finde megaactivo. Como casi siempre el menú fue un combinado de escalada (el sábado) y carrera (el domingo). En esta ocasión la escalada tuvo lugar en la vía Valle de Canfranc al Tobazo (una vía más de Sendero límite para la colección) y el domingo la carrera fue la Boca del infierno en la Selva de Oza. Como la familia Rasmias ha aumentado recientemente de número, se tienen que turnar para poder salir y disfrutar de las actividades los fines de semana y cuidar al mismo tiempo del enano. Así fue Vanesa la que formó cordada junto a Tono y el agüelo el sábado y Jorge el que participó en la Boca el domingo. Eso sí, entre actividad y actividad un poquito de frikijuegos y una buena cenorra.
La vía Valle de Canfranc está orientada directamente al sur, así que para sobrevivir a su escalada en plena ola de calor no hubo otra manera que madrugar. El madrugón, sin embargo, quedó un poco deslabazado porque el agüelo se quedó dormido y salimos con media hora de retraso. Al final la vía, estupenda roca, se dejó hacer ya que aún nos dio tiempo de tocar algo de sombra y porque sopló durante toda la mañana una fresca brisa que en la cima se convirtió en vendaval.
La vía es muy disfrutona y tiene dos partes bien diferenciadas: la primera son 5 largos de placa lisa y tumbada surcada por canalizos ondulantes que me recordaron mucho a la roca del Naranjo de Bulnes y que hicieron las delicias del agüelo.



Esta sobredosis de placa no me pilló desentrenado del todo porque mi anterior salida escaladora fue al reino plaquero de Morata de Jalón. Sin que sirva de precedente, acepté la invitación de volver a esa escuela de escalada de mis amores y acompañé a Dani Bull, que hizo una parada en casa de una semanita escasa entre las playas de Canarias y las de Levante, y a su chica, Vanesa.

Vanesa estrenándose en la escalada en roca, 
pidiendo consejo de qué hacer en esas maravillosas placas de la Peña del reloj
Bull encadenando La charanga de Soneman, 6b, en la Pared perdida.
Está claro que el que tuvo retuvo
El agüelo protagonista de la sorpresa de la jornada al encadenar Willow, 6c,
una vía megaclásica de Morata, una de esas vías que nunca pruebo
porque no son de mi estilo
Vanesa, Bull y el agüelo en la sombra rica de la Pared Perdida
¡Ainss! ¡Qué lejos queda ya la última vez que caté los cazos ricos, ricos de de Rodellar!
Abel, Ana, Jonás y los amigos de Ana reposando antebrazos

Pero volviendo a la vía, el largo 6 marca el cambio a la segunda parte. Es un largo vertical precioso con unos boquetes enormes aunque algo alejados. El largo continúa después por una ladera herbosa que, mediante otro largo de transición, termina en una faja donde hay que hacer travesía andando hacia la derecha y que nos deja en un surtido de largos de todos los estilos, diedro, más placa, bavaresa... La vía ofrece, además, unas vistas preciosas del Pirineo que me dejaron un gusto a montaña en la boca que hacía tiempo que no sentía. Un sabor dulce, nostálgico, sin el reseco amargo del miedo, que sólo las vías agradables como ésta me permiten disfrutar.






La cordada del día: el agüelo, Tono y Vanesa

La tarde se nos pasó entre frikijuegos de mesa, comidas, meriendas y cenas y vuelta a madrugar para empezar la Boca del Infierno. A pesar de ser la primera vez que la iba a correr y de las ganas que tenía de hacerlo, no tenía muy buenas sensaciones debido al calor y no las tenía todas conmigo de que fuera capaz de acabarla (y eso que yo iba a hacer el recorrido corto, es decir, 15km de longitud y 1000 m de desnivel; la larga, 25 km y 1500 m de desnivel, es para titanes o para héroes del sacrificio, y yo no encajo en ninguna de esas dos categorías). El ver en la salida, una vez más, tanta gente participando en estas palizas deportivas hace que te sientas arropado y lleno de ánimos. Pero en seguida te quedas solo con tus piernas de cartón piedra, tus resoplidos hipohuracanados y tu fuerza de voluntad.




El recorrido corto comienza con un triple subeybaja de fuertes pendientes tanto en el sube como en el baja y discurre a la sombra de un bosque de hayas encantado. Esta parte es común a los dos recorridos, pero aún no vimos a ninguno de la larga porque ellos salieron 15 minutos antes que nosotros. En un cruce al final del bosque ellos tiran para arriba como jabatos hacia el refugio de Gabardito y nosotros hacia abajo como ratones, hacia el Puente de Santa Ana, en busca de la segunda parte de la carrera al otro lado del valle, a la solana. Este punto será, aproximadamente, el kilómetro 8 de nuestro recorrido y el 17 del largo y sin embargo a partir de allí fue cuando me empezaron a pasar los másquinas de la carrera larga, como si llevaran botas de 7 leguas, como si acabaran de salir de casa, frescos como lechugas. Debido a las altas temperaturas previstas, que durante la carrera no lo fueron tanto, no paré de beber en todos los avituallamientos y de mojarme la cabeza con las esponjas que habilitaron en dos puntos. Al sol comenzaba otra parte del recorrido preciosa, la llamada calzada romana, una suave cuesta que tuve que hacer andando la mayor parte y que termina, después de una corredera bajada, en el tercio inicial de la carrera. Ya sólo quedaban 3km, sólo dos cuestas. Empecé a creer que lo conseguiría. Primera megacuesta, bien. Uf uf. Segunda megacuesta y entro en reserva, apenas puedo siquiera correr en los falsos llanos. Me adelanta Tono a toda máquina. "¡Sólo 400m hasta la meta!" nos avisa una voluntaria. ¿Cómo que sólo? Hace tiempo que las piernas siguen por inercia, bajadita y repecho final de llegada a meta con los habituales calambres avisando desde hace unos minutos. Empapado de arriba a abajo, exhausto como siempre, pero emocionado por haber conseguido terminarla.
Tras litros y litros de aquarius, varias cervezas con limón, plátanos, sandía (parecía el monstruo de las galletas) y una reponedora ducha fría, wuauuuuu, volví a ser humano de nuevo y pude resistir los festejos finales: sorteo de premios que se hizo un poco largo, pódiums (alimentados con ciertas polémicas, para dar el toque picante), paellada y... baño en la piscina de vuelta a Jaca. Así, sí.
Luego vendrían los 41ºC de Zaragoza, las agujetas de los dos días posteriores, pero eso es otra historia.

Los miembros del Equipo de carreras de montaña de Montañeros de Aragón 
que participaron en esta carrera (Javier, Tono, Pincho y el agüelo), en la salida...
... y en plena acción
Todos contentos por los resultados, Javier terminó 5º, Tono y Jorge bajaron alrededor de 15'
sus respectivos tiempos y yo terminé, que no está mal, 6º de veteranos de la carrera corta
(un puestazo si no se enterara nadie de que sólo corrieron 6 veteranos masculinos)