viernes, 6 de marzo de 2009

Etxauri

El domingo 1 de marzo había elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco y aproveché la excusa para realizar una de las 2-3 visitas anuales que hago a mis padres. Como no todo iban a ser obligaciones familiares llamé a Koldo y Julen para devolverles la visita que nos habían hecho hacía poco. Ellos pensaban que iba a estar en Bilbao desde el viernes así que habían decidido en un primer lugar ir a escalar a Ogoño, según ellos el Peñón de Ifach vizcaíno. En cuanto les conté que todavía estaba en Zaragoza y que el plan era madrugar el sábado por la mañana, cambiaron de objetivo y me llevaron a Etxauri.
Etxuari es un apacible pueblo navarro muy cerca de Pamplona. Habíamos quedado al lado del frontón a las 10:30. Por primera vez llegué antes de tiempo y pude dar una vuelta al pueblo e incluso tomarme un 2º desayuno en un bar cercano.
Para cuando llegaron Julen y Koldo la espesa niebla que me había acompañado todo el viaje ya se estaba disipando y se intuía el sol que presumiblemente iba a relucir el resto del día. Cogimos agua, compramos algo de embutido y pan para hacernos unos bocadillos y me fui de tras de ellos. La zona de escalada se encuentra en la carretera a Estella. Hay varios párkings, nosotros elegimos el 2º.
Julen y Koldo intentando orientarse con la guía de la zona
Nuestro objetivo, el Kiriako. Nuestra vía, Cicatrices, comienza en la cara oeste (en sombra) y enseguida coge la cara soleada de la arista hasta la cima.
Un paseo de poco más de 10 minutos por una buena senda nos dejó a pie de la pared. Encontrar el comienzo exacto de la vía que ellos habían elegido nos llevó un poco más de tiempo. Lo de siempre: mira por aquí, mira por allá, esta fisura parece esta línea del croquis, este árbol de aquí debe este otro... Por fin se deciden. La vía no es muy larga, 3 largos, por una roca excelente, excepto en su parte final. La dificultad tampoco parecía asustar, V+. Pero estuvo claro desde el principio que el grado de esta famosa escuela era bastante duro.
Bajar de la cima tampoco fue coser y cantar. En la guía que ellos llevaban no se describía la vía de bajada. Estuvimos mirando un buen rato diversas posibilidades
Koldo examinando la posibilidad de destrepar hasta una reunión rapelable 5 m más abajo
y al final decidimos rapelar por la misma vía que habíamos subido.
Las vistas desde la cima no podían ser más espectaculares: inmensos paredones por un lado
y las llanuras de un precioso valle por el otro.
Como ya no nos daba tiempo a hacer otra vía, me convencieron para dar un paseo alrededor del Kiriako. No sin antes dar cuenta del pan, el embutido, el queso que había traído Julen y una lata de piña en el almíbar. Con el estómago más entonado ya estábamos preparados para el paseo. La pared norte forma un cañón corto pero profundo, flanqueado por enormes paredes.
Pared Norte del Kiriako
Al terminar el cañón el camino sigue rodeando el peñasco y en su lado sur está acompañado por una aguja que la llaman el Huso.
El Kiriako y el Huso
Esta aguja era uno de los otros potenciales objetivos de la jornada, pero su vía normal, también V+ (ya me imagino de qué tipo), tendrá que esperar otra ocasión. A los pies del Kiriako, casi enfrente del huso, hay un curioso refugio sin guardar levantado aprovechando una oquedad de la pared.
El refugio
Koldo y yo; al fondo a la izquierda el huso y más lejos Etxauri
El camino sigue bordeando la cara sur estrechándose tanto que han tenido que instalar un pasamanos para los más miedosos.
Koldo en el pasamanos, al fondo el huso
Apenas 10 minutos más y ya estábamos de vuelta a pie de vía, donde habíamos dejado las mochilas. Las cargamos y sin más volvimos al coche, donde nos despedimos. Aunque seguí detrás de ellos unos cuantos km mientras me guiaban por carreteras secundarias hasta la autovía Vitoria-Pamplona.
Durante todo el día me sentí como en la peli "Paseando a Miss Daisy", sólo que en vez de Morgan Freeman estaban Julen y Koldo y yo en el papel de la inaguantable Jessica Tendy: eligieron ellos el lugar, compraron la comida, me guiaron hasta el pie de vía, eligieron una vía asequible para el agüelo, abrieron los largos más difíciles (chapó para Julen que fue el que abrió el primero), me dieron una vuelta por el Kiriako, me guiaron de vuelta a casa... No tuve ninguna queja de la hospitalidad de los escaladores vascos, todo lo contrario.

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